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Autor: FRANCISCO TEIXIDÓ GÓMEZ
Es para mí un privilegio poder presentar el libro "Biología
de las emociones", escrito por mi compañero y amigo Francisco
Teixidó Gómez.
Desde la admiración que le tengo, quiero dedicarle estas palabras.
La lectura de un libro se hace a base de sensaciones.
Cuando el libro llega a nuestras manos, nos recibe con su título
y nos invita a hojearlo. Desde el principio tiene que atraernos y provocar
que nos iniciemos en su lectura.
Estas primeras percepciones se van convirtiendo en emociones cuando te
sumerges en él, cuando sus páginas van saltando sobre tus
estados de ánimo, para disfrutar plenamente, para enriquecerte
personalmente o para dejarte indiferente.
Si además de todo esto se añade que el libro es el de un
amigo, estos sentimientos se viven con mayor intensidad.
Conoces la etapa en la que se está gestando, con impaciencia esperas
su publicación, con curiosidad comienzas su lectura y tratando
de ser justo terminas la obra.
Cuando recibes el libro de Paco, ya su título te sorprende: "Biología
de las emociones".
Los menos iniciados se pueden preguntar: ¿existe una base biológica
de las emociones? ¿se pueden demostrar experimentalmente?
Estas cuestiones iniciales mueven nuestro deseo de saber y te adentras
en el libro buscando respuestas.
Su primer objetivo era interesarnos a través del título
para introducirnos en un mundo complejo, expresado de una forma cercana.
Ser compañeros de trabajo me ofrecía una oportunidad única
al poder intercambiar impresiones con el autor, resolver dudas a medida
que surgían e intentar atender a esa visión crítica
que él me pedía desde la confianza que da la amistad.
Pero esto resultó fácil porque a lo largo de sus páginas
él pretende dar una información de manera comprensible pero
sin llegar a simplificaciones excesivas que impidan comprender lo esencial
de las cuestiones.
Por ello, a veces, se nos pide un pequeño esfuerzo en algunos contenidos
menos familiares, sin perder una explicación sencilla de los aspectos
más científicos.
Utiliza un estilo relajado que no vulgar, evitando en lo posible las palabras
técnicas para tratar al lector como un igual.
Te vas dando cuenta cómo su lectura te exige colaboración,
te implica, porque va trabando una complicidad con el lector a través
de guiños en el lenguaje, anécdotas divertidas, variadas
ilustraciones, todo orientado directamente a la persona que lee.
Al escribir un libro de divulgación científica dirigido
a un público amplio, con diversos niveles de competencia, se corre
el riesgo de profundizar en determinadas cuestiones y otras resolverlas
de forma esquemática. Pero él consigue muy bien el equilibrio
a través de una escritura clara, interesante y precisa desde un
punto de vista científico.
Son temas atrayentes tratados con la no fácil naturalidad del
experto.
Las páginas del libro rezuman experiencia.
No se puede desviar su intenso bagaje en la escritura de otros libros
y de múltiples artículos publicados en revistas científicas
importantes.
Ahí están también sus años de didáctica
en el aula, donde el rigor científico y la sencillez a la hora
de transmitir sus conocimientos hacen que se eleve el interés por
lo que presenta.
Es esa emoción de enseñar Biología, es poner pasión
cuando la explicas, contagiar al otro de la gran importancia de lo que
hay que aprender pero sin olvidar cómo se aprende.
Los capítulos del libro nos ayudan a hacer científicas
las emociones y nos trasladan hacia la actividad fisiológica que
acompaña a las mismas.
Es imposible recibir la noticia de que nos ha tocado el premio gordo de
la lotería sin que el latido del corazón se dispare, que
se nos seque la boca antes de hablar en público, que nos sintamos
ruborizados ante un piropo inesperado, que se nos ponga la carne de gallina
al escuchar nuestra música favorita o que sintamos un pellizco
en el estómago antes de hacer un examen de oposición en
el que nos jugamos nuestro futuro laboral.
Estas reacciones automáticas no las hemos aprendido de nadie sino
que son nuestro sistema nervioso y nuestro sistema hormonal, los que se
encargan de controlarlas.
El libro nos va desgranando cómo colaboran entre sí estos
dos centros coordinadores y cómo el resultado de su actuación
influye en nuestra conducta.
Desde que teníamos una sociedad de cazadores - recolectores equipados
con útiles de piedra, las emociones han jugado un papel importante,
tal vez no reconocido lo suficiente en el transcurrir de la evolución.
Es necesaria una experiencia emocional para que el conjunto de preconcepciones
que tiene un niño se pueda convertir en conocimientos y provocar
un crecimiento mental que le permita explorar el mundo.
La emoción no es sólo una respuesta sensorial sino que implica
un inicio de pensamiento y la búsqueda de un sentido a esa sensación.
A través del libro podemos descubrir el papel relevante de la emoción
en nuestra capacidad de razonar.
Por esto, Paco, quiero darte las gracias por transmitirnos la energía
de tu pensamiento y por hacernos partícipes de un trabajo bien
hecho.
Para terminar, quiero decirte una cosa de mí que no conoces y
te voy a contar ahora.
La última vez que pisé este escenario del Liceo, estaba
cantando acompañada por este piano en un recital, en mis años
de alumna del Instituto.
Hoy también estoy cantando pero las gentilezas de tu libro, con
el ritmo acompasado y sabio que marca la Naturaleza y bajo la atenta batuta
del hombre de ciencia que tú eres.
Invito a todos a que se introduzcan en las armónicas notas que
fluyen de tu escritura y construyan esta sinfonía de emociones
que nos presentas.
GRACIAS
Mérida a 5 de junio de 2.004
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