Cuestión 1 del Capítulo II dedicado a los Tiempos Antiguos
¿Cómo fue el comienzo de la Historia humana según reflejan los primeros documentos escritos?
El inicio de la Historia humana está vinculado al desarrollo de las primeras sociedades llamadas complejas, esto es, aquellas en las que el nomadismo y las relaciones basadas en la agrupación familiar y/o tribal, son sustituidas por el sedentarismo y la producción agraria o ganadera. Se trata de sociedades en las que tiene lugar una jerarquización social derivada de las diferencias de riqueza. En Egipto, en Mesopotamia y el valle del Indo, en China, en América Central y en Perú, las comunidades neolíticas evolucionaron desde el VI milenio a.C. en adelante hacia formas de organización donde la diferenciación social también supone el predominio de una minoría sobre la mayoría. En las sociedades de cazadores paleolíticos, no existían grandes desigualdades basadas en un poder que, para entendernos, pudiéramos calificar como “económico”. Eran autosuficientes, se abastecían de aquello que necesitaban para asegurar su propia supervivencia y, posiblemente, los miembros de aquellas sociedades primitivas compartieron como ninguna otra sociedad posterior sus bienes materiales (utensilios, herramientas, lugares de habitación, pieles, alimentos...).
Gordon Childe no descarta que aquellas gentes pudieran haber practicado algún tipo de comercio primitivo entre ellas, pero basado en el trueque de objetos como “conchas o adornos parecidos, al menos cosas sin las que los hombres podían pasar fácilmente” (60). En las sociedades paleolíticas, difícilmente se hubiera podido comerciar con los bienes que garantizaban la subsistencia (caza, pieles, utensilios básicos...), pues su abundancia o escasez, dependían de circunstancias exógenas, determinadas por la propia Naturaleza.
Los cambios que supuso el Neolítico, fueron de tal trascendencia que la producción de bienes gracias a las prácticas agrícolas y ganaderas, fijaron a las comunidades a la tierra, apareciendo núcleos estables de población. Los cambios tecnológicos se sucedieron, apareciendo multitud de nuevos útiles más perfeccionados, y sobre todo dos innovaciones de trascendencia enorme: la cerámica y los metales. La necesidad de almacenar cereales, por ejemplo, supone no sólo que el consumo o la siembra pueden quedar garantizados en el tiempo inmediato. La revolución económica neolítica hizo posible el excedente y, con ello, el intercambio. Asimismo, la tecnología del estaño, del cobre (61) o del bronce, hacen que muchas sociedades necesiten estos metales para fabricar armas o utensilios resistentes y duraderos y, con ello, habrá también por este motivo una dependencia del comercio.
Junto al comercio, se dio la especialización en el trabajo, una diversificación de las tareas, posible también gracias al excedente productivo. Las personas que se encargaban de trabajar el metal no producen alimentos, sino objetos de metal, actividad a la que dedican todo su tiempo. La existencia de excedentes es la razón que les permite realizar su tarea. Y, aunque no producen alimentos, sí los consumen. Lo hacen a cambio de los cacharros de metal que realizan gracias a la habilidad y especialización en el trabajo.
No podemos pasar por alto otro factor esencial que surge a partir del Neolítico, como es la diferenciación social. Así, algunos individuos pudieron alcanzar mayor relevancia social dentro de la comunidad a la que pertenecían, gracias a su mayor poder material. Surgió por entonces la noción de propiedad. El individuo ya no compartiría por completo sus bienes, sino que le pertenecerían, serían de su exclusivo dominio. Las diferencias de riqueza fueron, sin duda, una realidad en las sociedades neolíticas. De este modo, aparecieron las primeras formas conocidas de estado, al establecerse la hegemonía de la minoría con más poder material sobre la mayoría menos favorecida.
La nueva organización sociopolítica derivada de los cambios que se suceden en el Neolítico conllevan –según la mayoría de los historiadores- a la “civilización” y a las “sociedades urbanas”. Por otro lado, este grado de desarrollo no se dio por igual y al mismo tiempo en todos los lugares de nuestro planeta. Mientras que en la Europa occidental las comunidades productoras habitan en simples aldeas, con un limitado grado de desarrollo tecnológico, en Egipto, Mesopotamia, en el Indostán (62), en China, e incluso en América Central, surgen hacia el V milenio a.C. los primeros núcleos urbanos. Para algunos estudiosos, un aspecto esencial de las sociedades complejas no fue sólo el trabajo de la cerámica, la incipiente actividad textil, el desarrollo del comercio o la tecnología de los metales, sino una innovación trascendental: la escritura. En este aspecto, tampoco puede decirse que fuera una novedad generalizada, que se dio a la vez en todas las culturas. Así, Childe señala cómo los mayas en América, cuando ni siquiera conocían los metales y se encontraban en un estadio neolítico, hacia mediados del I milenio a.C., en cambio ya poseían un calendario y, lo más importante, una escritura jeroglífica. Pero, en la mayoría de los casos, la invención de la escritura se asocia a la existencia de un determinado grado de desarrollo socio-político, y conllevaría un interés por consignar los bienes de una comunidad.
En el Museo del Louvre de París se conserva una tablilla de arcilla procedente de la ciudad sumeria de Lagash (sur de Mesopotamia) y fechada hacia el año 2350 a.C. en la que se recoge una especie de contabilización de corderos y cabras. Al observar esta pieza de indudable valor histórico, de nuevo nos asaltan los interrogantes, que trataremos de resolver a continuación: ¿Era un simple recuento sin más? ¿O bien forma parte de un registro realizado por burócratas al servicio de un estado que tenía interés por controlar la producción y los excedentes?
En la Baja Mesopotamia, después del desarrollo de las influyentes culturas de Hassuna y Tell-Hallaf, a partir del IV milenio surgieron los primeros núcleos urbanos. Con el paso del tiempo se convirtieron en ciudades-estado dominadas por el templo que constituía no sólo un enclave religioso, sino también el centro administrativo de la comunidad.
Esta región, conocida como Sumer, se localiza en los fértiles valles de los ríos Tigris y Éufrates (territorio de la actual Irak), en los que durante milenios el ser humano había vivido de una caza y pesca abundantes. En las llanuras inundadas por los cursos fluviales, los sedimentos depositados durante milenios aportaron excelentes condiciones para las prácticas agroganaderas. Los primeros habitantes de aquella inmensa zona se asentaron atraídos por tales condiciones, que aseguraban la agricultura y el sustento de los animales. El agua aportaba riqueza, pero los asentamientos exigían su canalización, evitándose con antelación posibles inundaciones.
Las gentes que habitaron en uno de aquellos primeros asentamientos, conocido como El-Obeid, dominaban ya la técnica de la cerámica. Creaban con arcilla humedecida objetos de uso cotidiano y aprendieron asimismo técnicas avanzadas de construcción gracias al adobe (argamasa de barro y paja). Una región rica en arcilla podía asegurar la materia prima necesaria, pudiendo realizar grandes cantidades de piezas más o menos uniformes de adobe que eran secados al sol. El adobe permitía la edificación de casas aptas para vivir, bien aisladas del calor abrasador y también del frío (63).
En El-Obeid, hacia el V milenio a.C. los altos rendimientos de la tierra aseguraron el sustento y la acumulación de excedentes, posibilitando el incremento demográfico, gracias a una mayor natalidad y a la inmigración (que debió ser constante, procedente del entorno rural). En los primitivos poblados situados junto al río Éufrates no sólo hubo un próspero comercio. Ahora bien, la investigación arqueológica nos ha mostrado otros lugares no menos interesantes, algunos desconocidos hasta hace poco tiempo, en los que ya pudo existir un desarrollo agrario mucho antes que en El-Obeid. Es el caso de Tell-Halula, situado en el valle medio del Éufrates, en la actual Siria. Su antigüedad se remonta hasta los 9000 años. La estudios investigación arqueológica que se lleva a cabo todavía (64) en este lugar nos ofrecen valiosos datos sobre la vida en el Próximo Oriente en los albores de la primera revolución económica de la humanidad. En este poblado han aparecido multitud de restos de cerámicas, hornos para cocer el pan, pinturas decorando los suelos de algunas casas, desagües para dar salida o canalizar las aguas, etc., junto con claras evidencias de cultos funerarios. Algunas casas de esta aldea de agricultores son de planta circular y poseen restos de enterramientos, muchos pertenecientes a niños. Los ajuares hallados en algunos demuestran que ya se conocía la metalurgia del cobre por entonces, aunque lo más llamativo es que esta innovación tecnológica se ha asociado a un tiempo posterior. ¿De dónde procedían las cuentas de cobre que adornaban los collares y joyas encontrados en las tumbas de Halula? Puede que los intercambios comerciales fueran la clave, pues en la zona de Siria, donde se enclava el poblado este metal no se conoce. Puede que el Éufrates constituyera una primitiva vía de comunicación e intercambio con pueblos de Anatolia o de Mesopotamia (...)". |